La genética del toro de lidia es un patrimonio cultural único en el mundo. En cada encaste subyace una historia de siglos, decisiones ganaderas, selecciones meticulosas y una evolución constante que ha esculpido al animal más icónico de la tauromaquia. En este análisis profundo, realizamos un recorrido detallado por las castas fundacionales, los encastes históricos y las ramificaciones actuales que hoy mantienen vivo el legado del toro bravo.
Aunque a menudo se emplean indistintamente, casta y encaste no significan lo mismo.
La casta se refiere al conjunto de características físicas y de comportamiento que diferencian a un toro de otros grupos:
Un toro es «encastado» cuando encarna de manera pura los atributos tradicionales de su casta.
El encaste es la consecuencia de cruces, refrescamiento de sangre o aislamiento genético realizado por los ganaderos. Cada encaste conserva matices propios producto de décadas —e incluso siglos— de selección.
A lo largo de este proceso histórico, las distintas ganaderías han desempeñado un papel esencial en mantener vivas estas líneas de sangre, especialmente aquellas dedicadas a preservar la tradición con criterios selectivos muy estrictos, como cualquier ganaderia de toros de lidia que trabaja diariamente para conservar la autenticidad del toro bravo.
Las castas fundacionales no solo representan el punto de partida del toro bravo moderno; son auténticos linajes históricos, muchos de ellos ya desaparecidos o diluidos por los conflictos bélicos y los cambios en la tauromaquia.
Consideradas dos de las ramas más antiguas, con orígenes documentados en el siglo XVI, se desarrollaron en zonas como:
Estas castas dominaron la escena taurina hasta el siglo XIX. Su desaparición se debió principalmente a:
Hoy están extintas, pero su influencia genética aparece en documentos históricos.
Originaria del Raso del Portillo (Valladolid), presente desde el siglo XV. Desapareció en el siglo XIX por sacrificio masivo de reses. Representó un tipo de toro fuerte y rústico, especialmente valorado en festejos populares.
De presencia marcada en la ribera del Ebro, en Navarra y Aragón.
Sus características distintivas:
Fue muy popular en el siglo XVII, aunque la tauromaquia moderna, que exigía más volumen y bravura en varas, provocó su decadencia.
Aun así, no está extinta, y sobreviven ganaderías orientadas a encierros y suelta de reses. En esta rama, los estudios morfológicos y genéticos permiten comprender mejor la diversidad interna del toro bravo, algo que también está estrechamente vinculado a los distintos pelajes de toros de lidia que enriquecen la variedad visual de cada encaste y casta.
Procedente de Utrera, formada en el siglo XVIII mediante compras de reses a los frailes dominicos y cartujos. Casi extinguida en el siglo XX, hoy su única heredera directa es la legendaria ganadería Miura, custodio de un linaje temido y admirado por su fiereza y peculiar fenotipo.
Similar origen al de Cabrera, con raíces en el Puerto de Santa María. Aunque compartían tronco, desde el siglo XVIII ya existían claras diferencias morfológicas entre ambas castas.
Actualmente su descendencia está diluida, destacando su presencia en la ganadería Partido de Resina (antigua Pablo Romero), con animales de comportamiento muy particular.
También nacida en Utrera, a mediados del siglo XVIII, combinó animales propios con reses de la Casta Vistahermosa.
Fue una de las más codiciadas en el siglo XIX:
Hoy solo mantiene pureza en ganaderías como:
Surgida en la segunda mitad del siglo XVIII, posiblemente formada con ganado procedente de diezmos y ejemplares de los Hermanos Rivas.
Es la casta más importante de la historia, ya que:
Hoy, la inmensa mayoría de los toros pertenecen a ramas derivadas de Vistahermosa, principalmente a través de Parladé, Saltillo, Santa Coloma o Conde de la Corte. Cada encaste es un universo propio de comportamiento y morfología.
Al avanzar por estas líneas genéticas y comprender sus comportamientos sobre el ruedo, también crece el interés de quienes desean ver toros bravos en el campo, observándolos de manera natural en su hábitat y conociendo de primera mano su comportamiento ancestral.
Derivado de Saltillo y Santa Coloma.
Características:
Nacido del cruce entre Vistahermosa y toros del Conde de la Corte.
Incluye la famosa línea Lisardo Sánchez, reconocible por su nobleza y clase.
Procedente de Parladé, destaca por:
Otra rama de Vistahermosa, con fenotipo muy definido y embestida templada.
También descendiente de Parladé, muy presente durante el siglo XX.
Uno de los más antiguos (1825).
Mezcla de Casta Vazqueña y Cabrera.
Hoy muy minoritario, pero reconocido por su pureza histórica.
Probablemente el encaste más influyente del siglo XXI.
De Vistahermosa, dividido en múltiples líneas:
Su selección ha fijado el toro «comercial» de gran nobleza.
Muy apreciado especialmente para rejoneo, con gran elasticidad y entrega.
Procedente de Parladé, con líneas muy regulares en comportamiento y boyantes en la embestida.
Otra derivación del tronco Parladé, especialmente campero y serio.
Formado en 1854.
Sus toros son:
Uno de los más carismáticos.
Tres líneas principales:
Descendiente de Parladé. Línea moderna con toreabilidad y transmisión.
Otra rama de Vistahermosa, minoritaria pero históricamente relevante.
Conocido por su pelaje cárdeno claro y su bravura encendida.
Muy apreciado por su estética y clase; otra ramificación de Vistahermosa.
Los encastes del toro de lidia son la columna vertebral de la tauromaquia. Conservan siglos de historia, herencias culturales y decisiones ganaderas que han permitido que este animal excepcional siga evolucionando sin perder su esencia.
Cada encaste cuenta una historia. Cada toro representa una línea genética mantenida con sacrificio y pasión. Y quienes visitan una ganadería o presencian una corrida entran en contacto con un legado que sigue vivo y en constante transformación.