
La tauromaquia es el arte de lidiar toros bravos, a pie o a caballo. Su historia en España arranca en el culto al toro de los pueblos prerromanos, continúa con los festejos caballerescos de la Edad Media y adquiere su forma actual en el siglo XVIII, cuando el toreo a pie desplaza al toreo a caballo y se fijan las reglas de la corrida moderna dividida en tres tercios.
En La Capitana Experience, ganadería de toro bravo situada en plena dehesa de la Sierra Norte de Sevilla, convivimos a diario con el protagonista de esta historia: el toro bravo. Por eso hemos preparado esta guía, en la que recorremos la historia de la tauromaquia en España de principio a fin: su origen, los toreros que la transformaron, las plazas más antiguas, su huella en el arte y su situación actual.
La palabra procede del griego y significa, literalmente, «lucha con el toro». Hoy el término engloba todas las manifestaciones culturales en torno al toro bravo, la más singular de las razas de toros en España: la corrida de toros, el rejoneo o toreo a caballo, las novilladas, los festejos populares como los encierros y también la crianza del toro de lidia en las ganaderías.
En España la tauromaquia está reconocida legalmente como patrimonio cultural desde la Ley 18/2013, una protección que hoy convive con un intenso debate social sobre su futuro, del que hablamos al final del artículo.
Antes de entrar en detalle, este es el resumen de los hitos más importantes:
| Fecha | Hito |
|---|---|
| c. 1500 a. C. | En Creta se representan saltos acrobáticos sobre toros en los frescos del palacio de Cnosos |
| s. VI-I a. C. | Íberos y celtas veneran al toro: Bicha de Balazote, Toros de Guisando |
| s. XIII | Las Siete Partidas de Alfonso X ya mencionan a quienes lidian toros por dinero |
| 1527 | Carlos I alancea un toro en Valladolid para celebrar el nacimiento de Felipe II |
| 1567 | El papa Pío V prohíbe las corridas con la bula De salute gregis |
| 1572 y 1670 | Se fundan las Reales Maestranzas de Caballería de Ronda y de Sevilla |
| 1711 | Se inaugura la plaza de toros de Béjar, la más antigua conservada en España |
| s. XVIII | Nace el toreo a pie profesional: los Romero, Costillares y Pepe-Hillo |
| 1785 | Se inaugura la plaza de toros de la Real Maestranza de Ronda |
| 1796 | Pepe-Hillo publica el primer gran tratado de tauromaquia |
| 1816 | Goya publica su serie de grabados La Tauromaquia |
| 1830 | Se crea la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, dirigida por Pedro Romero |
| 1836 | Paquiro publica su Tauromaquia completa, base de la lidia moderna |
| 1912-1920 | Edad de Oro del toreo: Joselito y Belmonte |
| 1928 | Se hace obligatorio el peto para proteger a los caballos |
| 1947 | Muere Manolete en Linares |
| 1991 | Ley 10/1991, primera ley estatal sobre espectáculos taurinos |
| 2013 | Ley 18/2013: la tauromaquia, patrimonio cultural |
No existe una fecha exacta para el origen de la tauromaquia. Lo que sí sabemos es que la relación entre el ser humano y el toro es tan antigua como la propia civilización mediterránea, y que en la península ibérica el toro fue durante siglos un símbolo de fuerza, fertilidad y poder.
Los pueblos prerromanos dejaron numerosas pruebas de su veneración por el toro. Los Toros de Guisando, en Ávila, son esculturas de granito talladas por los vetones; la Bicha de Balazote, en Albacete, es un toro con cabeza humana de época ibérica. Para estos pueblos el toro era un animal sagrado, presente en ritos religiosos y funerarios.
Fuera de la península, los antecedentes más conocidos están en la Creta minoica, donde los frescos del palacio de Cnosos muestran a jóvenes saltando sobre toros hacia el 1500 a. C. Siglos después, los romanos incluyeron toros en las venationes, los espectáculos con fieras de los anfiteatros. Muchos historiadores ven en estas prácticas el germen lejano de los juegos taurinos que se desarrollarían en Hispania.
Durante la Edad Media, correr y alancear toros se convirtió en un ejercicio propio de la nobleza. Los caballeros se enfrentaban al toro a caballo con lanzas y rejones en bodas reales, coronaciones y grandes celebraciones, como demostración de valor y de destreza militar. Esa forma de manejar al toro desde el caballo no ha desaparecido: sigue viva en las faenas de campo de las dehesas andaluzas, donde el ganado bravo se mueve todavía a caballo y con garrocha. Es una de las estampas que más sorprenden a quien descubre qué ver en la Sierra Norte de Sevilla, tierra de dehesas y de ganaderías de bravo.
Junto a ellos ya existían lidiadores de a pie que cobraban por su trabajo. Lo prueban las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, en el siglo XIII, que consideraban infames a quienes lidiaban con bestias bravas por dinero. Es una de las primeras pruebas escritas de un toreo profesional.
El toreo caballeresco alcanzó su máximo esplendor en los siglos XVI y XVII. El propio emperador Carlos I alanceó un toro en Valladolid en 1527 para celebrar el nacimiento de su hijo, el futuro Felipe II, y la Plaza Mayor de Madrid acogió durante el siglo XVII grandes fiestas de toros ante la corte.
No todo fueron apoyos. En 1567 el papa Pío V prohibió las corridas bajo pena de excomunión con la bula De salute gregis, por el peligro que suponían para la vida y el alma de los participantes. La prohibición apenas se aplicó en España y fue suavizada para los laicos por Gregorio XIII en 1575. Es el primer gran episodio de un debate sobre los toros que nunca ha desaparecido.
El siglo XVIII es el momento clave de la historia del toreo. Con la llegada de los Borbones, a partir de 1700, la nobleza fue perdiendo interés por el toreo a caballo, y el protagonismo pasó a los toreros de a pie, hombres del pueblo que hasta entonces ayudaban a los caballeros desde la arena.
Fue entonces cuando el espectáculo se profesionalizó: aparecieron las cuadrillas, los contratos, los primeros ídolos populares y las plazas construidas expresamente para los toros. También nacieron las primeras ganaderías que seleccionaban sus reses pensando en la lidia, un oficio que hoy seguimos cuidando en La Capitana Experience, ganadería de toros bravos en Sevilla. Las Reales Maestranzas de Caballería, fundadas en Ronda (1572) y Sevilla (1670) para adiestrar a la nobleza en el manejo del caballo, se convirtieron en las grandes impulsoras de las corridas.
Si hay que responder a la pregunta de quién inventó el toreo, la tradición señala a Francisco Romero, de Ronda, a quien se atribuye a comienzos del siglo XVIII el uso de la muleta y el estoque para dar muerte al toro de frente. No fue un invento de un solo hombre, pero su figura marca el nacimiento del toreo a pie moderno.
Su nieto, Pedro Romero (1754-1839), es una de las grandes leyendas de la historia taurina. Se le atribuye haber matado más de 5.000 toros sin sufrir heridas graves, y con más de 75 años fue nombrado director de la Escuela de Tauromaquia de Sevilla, creada por Fernando VII en 1830. Su estilo, sobrio, sereno y eficaz, dio forma a la llamada escuela rondeña.
Frente a la sobriedad rondeña surgió la escuela sevillana, más alegre y vistosa. Su gran figura fue Joaquín Rodríguez «Costillares», a quien se atribuyen la estocada al volapié y la organización de la cuadrilla tal como hoy la conocemos.
Su discípulo José Delgado «Pepe-Hillo» publicó en 1796 La Tauromaquia o arte de torear, el primer gran tratado que fijó por escrito las reglas de la lidia. Murió corneado en la plaza de Madrid en 1801, un episodio que Goya inmortalizó en sus grabados.
De esta época procede la estructura de la corrida que ha llegado hasta hoy, dividida en tres tercios pensados para medir y dosificar la fuerza de un animal que puede superar el medio millar de kilos (si te pica la curiosidad, te contamos cuánto pesa un toro bravo):
Tercio de varas: el picador, a caballo, mide la bravura del toro y regula su fuerza.
Tercio de banderillas: los banderilleros clavan pares de banderillas para avivar al toro.
Tercio de muerte: el matador realiza la faena de muleta y entra a matar con el estoque.
En el siglo XIX la corrida se consolidó como el gran espectáculo de masas de España. Francisco Montes «Paquiro», alumno de la escuela de Sevilla, publicó en 1836 su Tauromaquia completa, que ordenó definitivamente la lidia, reforzó la autoridad del matador sobre su cuadrilla y popularizó un traje de luces muy cercano al actual.
La afición se dividía en bandos irreconciliables en torno a grandes rivalidades, como la de Lagartijo, cordobés, y Frascuelo, granadino, que llenaron las plazas en las décadas de 1870 y 1880. En paralelo se levantaron o completaron los grandes cosos: la plaza de la Real Maestranza de Sevilla, iniciada en 1749, se terminó en 1881, y la de Ronda, inaugurada en 1785, se convirtió en un símbolo del toreo.
Ningún artista ha retratado la historia del toreo como Francisco de Goya. En 1816 publicó La Tauromaquia, una serie de 33 grabados que recorre desde los juegos con toros de la Antigüedad hasta las grandes figuras de su tiempo, incluida la muerte de Pepe-Hillo. Es una de las obras gráficas más importantes del arte español y una fuente histórica de primer orden.
La plaza de toros más antigua de España que se conserva es la de Béjar (Salamanca), conocida cariñosamente como «La Ancianita». Situada en el paraje de El Castañar, junto al santuario de la Virgen del Castañar, se construyó en piedra entre 1711 y 1714, aunque en ese mismo lugar ya se celebraban festejos taurinos desde 1667 en un recinto cerrado con maderas. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1997 y sigue celebrando festejos.
El título tiene, eso sí, algunos rivales. La plaza de Las Virtudes, en Santa Cruz de Mudela (Ciudad Real), de planta cuadrada, data de 1641, y la de Campofrío (Huelva) se levantó en 1716. Entre las grandes plazas monumentales destacan:
Real Maestranza de Sevilla: comenzada en 1749 y terminada en 1881, es una de las plazas más bellas del mundo. Si viajas a Sevilla, puedes completar el recorrido por la plaza con una visita a una ganadería en Sevilla para ver al toro en su hábitat.
Plaza de toros de Ronda: inaugurada en 1785, con una corrida en la que toreó el propio Pedro Romero; es una de las más antiguas construidas íntegramente en piedra.
Las Ventas (Madrid): inaugurada en 1931, está considerada la plaza más importante del mundo.
Entre 1912 y 1920 se vivió la llamada Edad de Oro del toreo, protagonizada por dos sevillanos opuestos en todo. José Gómez Ortega, «Joselito el Gallo», era el torero total: dominaba todas las suertes y conocía al toro como nadie. Juan Belmonte revolucionó el toreo al quedarse quieto ante el toro, reducir las distancias y hacer que fuera el toro el que pasara alrededor del torero. A él se asocia la máxima de parar, templar y mandar.
Su rivalidad terminó de forma trágica el 16 de mayo de 1920, cuando Joselito murió corneado en Talavera de la Reina. Belmonte siguió toreando y su concepto del toreo marcó todo el siglo XX. En 1928 se hizo obligatorio el peto, la protección acolchada de los caballos de los picadores, que cambió para siempre el tercio de varas.
Tras la Guerra Civil, Manuel Rodríguez «Manolete» se convirtió en el torero más famoso de su tiempo, con un estilo vertical, sobrio y de enorme seriedad. Murió en agosto de 1947 en la plaza de Linares tras ser corneado por Islero, un toro de Miura, en uno de los episodios más recordados de la historia taurina.
En las décadas siguientes la fiesta vivió nuevos fenómenos de masas, como El Cordobés en los años sesenta, y se abrió a la televisión. El toreo moderno ha seguido evolucionando hasta las figuras actuales, pero su estructura básica sigue siendo la que se fijó entre los siglos XVIII y XIX.
Toda la historia de la tauromaquia gira en torno a un animal único: el toro de lidia. A partir del siglo XVIII, los ganaderos españoles comenzaron a seleccionar a sus reses por su bravura, y de ese trabajo nacieron las llamadas castas fundacionales: Vistahermosa, Vazqueña, Cabrera, Gallardo, Navarra, Jijona y la casta castellana. De ellas, sobre todo de Vistahermosa, proceden la mayoría de los encastes que se lidian hoy.
El toro bravo se cría en libertad durante años en la dehesa, un ecosistema singular del suroeste peninsular formado por encinas, alcornoques y pastos. Las ganaderías de toros bravos son, además, guardianas de ese paisaje y de una biodiversidad que difícilmente existiría sin ellas.
En La Capitana Experience Experience, ganadería situada en Almadén de la Plata, en plena Sierra Norte de Sevilla, puedes ver de cerca toros bravos en su hábitat natural y conocer cómo es la vida en una ganadería. Es la mejor forma de entender, sobre el terreno, el origen de toda esta historia. Aquí puedes ver de cerca cómo se cría el toro bravo en libertad.
La tauromaquia es hoy una actividad regulada por ley. Las principales normas son:
Ley 10/1991, sobre potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos, y el Reglamento de Espectáculos Taurinos de 1996, junto a los reglamentos propios de comunidades como Andalucía.
Ley 18/2013, que reconoce la tauromaquia como patrimonio cultural digno de protección en todo el territorio nacional.
Al mismo tiempo, el debate social está más vivo que nunca. Canarias prohibió de hecho las corridas con su ley de protección animal de 1991, y Cataluña las prohibió en 2010, aunque el Tribunal Constitucional anuló esa prohibición en 2016. Los defensores de la tauromaquia destacan su valor cultural, artístico, económico y medioambiental, ligado a la conservación de la dehesa y del toro de lidia. Sus detractores cuestionan el sufrimiento del animal y defienden su prohibición o su transformación. Es, en definitiva, un debate que acompaña a los toros desde la bula de 1567 y que forma parte de su propia historia.
La tauromaquia ha dejado una huella enorme en la cultura española más allá de las plazas:
El toro de Osborne: diseñado en 1956 por Manolo Prieto como anuncio de un brandy, tuvo que perder sus letras en los años noventa por la normativa de carreteras. La presión popular y una sentencia del Tribunal Supremo en 1997 permitieron conservarlo por su valor cultural, y hoy es un símbolo de España.
Picasso y la tauromaquia: el pintor malagueño fue un gran aficionado y en 1959 publicó su propia serie de grabados para ilustrar el tratado de Pepe-Hillo.
Literatura: Federico García Lorca dedicó su Llanto por Ignacio Sánchez Mejías a un torero amigo muerto en 1934, y Ernest Hemingway escribió Muerte en la tarde (1932) sobre las corridas en España.
La tauromaquia tiene su origen en el culto al toro de los pueblos del Mediterráneo y de la península ibérica en la Antigüedad. En España evolucionó desde los festejos caballerescos de la Edad Media hasta el toreo a pie profesional del siglo XVIII, que dio lugar a la corrida moderna.
No existe una única primera corrida documentada. Hay festejos taurinos en crónicas medievales y referencias legales en el siglo XIII, pero la corrida tal como la conocemos, con toreros de a pie y tres tercios, se consolidó a lo largo del siglo XVIII.
Nadie lo inventó en solitario. La tradición considera al rondeño Francisco Romero el padre del toreo a pie, por introducir a comienzos del siglo XVIII la muleta y la muerte del toro de frente con el estoque.
El tercio de varas, en el que actúa el picador; el tercio de banderillas, en el que los banderilleros clavan las banderillas; y el tercio de muerte, en el que el matador realiza la faena de muleta y mata al toro.
Son advertencias que el presidente de la corrida da al matador cuando se alarga el tiempo de la faena sin que el toro muera. El reglamento fija tres avisos: el primero llega diez minutos después de iniciar la faena de muleta, el segundo tres minutos más tarde y el tercero dos minutos después.
Si tras el tercer aviso el toro sigue vivo, se devuelve a los corrales con la ayuda de los cabestros. Para el torero es uno de los momentos más duros de su carrera.
El toro se lidia en corrida con entre cuatro y seis años. Los sementales y las vacas que permanecen en la ganadería pueden vivir en el campo bastante más, a menudo por encima de los quince años.
Porque así lo reconoce la Ley 18/2013, que la considera parte del patrimonio cultural de todos los españoles por su valor histórico, artístico y social, y obliga a los poderes públicos a garantizar su conservación.
La historia de la tauromaquia en España es la historia de una relación de miles de años entre el ser humano y el toro: del culto religioso de los íberos al toreo caballeresco de los nobles, y de los Romero y Costillares a Joselito, Belmonte y Manolete. Conocerla ayuda a entender una parte esencial de la cultura española, con sus luces, sus sombras y sus debates.
Y si quieres vivir esa historia en primera persona, ven a ver al toro bravo en su dehesa. En La Capitana Experience te esperamos en Almadén de la Plata, en plena Sierra Norte de Sevilla, uno de los rincones naturales más bonitos de Andalucía.